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El personaje de María Magdalena

Se dice que Jesús tuvo una seguidora que lo amó tanto como para tener el valor de asistir a su crucifixión, una seguidora a la que Él amó tanto que la eligió como la primera en saber de su resurrección. Este personaje ha llegado hasta nosotros con una profesión y un nombre polémicos: María Magdalena, la prostituta, pero en los Evangelios Canónicos nunca se la presenta como tal, a lo sumo se la relaciona con una pecadora arrepentida. La vinculación de María Magdalena con una prostituta se debe a una interpretación bastante tardía realizada por lo menos en el siglo IV, si no más tarde, que se basa en una lectura discutible del célebre pasaje del Evangelio según san Lucas en el que aparece una pecadora que lava los pies al señor y los enjuaga con sus cabellos. El lavado de los pies era un servicio que se hacía para mostrar acogida y hospitalidad o simplemente por deferencia. Normalmente lo realizaba un esclavo judío o una mujer, pero no una prostituta. Una interpretación literal del personaje de la Magdalena y de su profesión que no solo resulta errónea, sino que además puede también inducirnos a error o impedirnos descubrir que se oculta detrás de uno de los temas más ricos y bellos del cristianismo. Recordemos que para la Iglesia oriental santa María Magdalena, lejos de ser una pecadora pública, es virgen y en los últimos años llevó vida eremítica.

 

Que María Magdalena haya sido precisamente la primera persona en entrar en contacto con Cristo resucitado le adjudica el más primordial de los papeles en la filiación esotérica del cristianismo. Se la ha llegado a llamar la evangelista de la resurrección… Sin duda por eso mismo es normal que se la relacione con Juan, discípulo amado, y no goce de todas las simpatías de Pedro, que es quien simboliza de algún modo la Iglesia de piedra, la iglesia exterior, mientras que Juan simboliza la Iglesia del Amor, la Iglesia Interior.

 

En el evangelio que se le atribuye a María Magdalena, tras escuchar el relato de una visión en la que María Magdalena recibe precisas enseñanzas del Salvador respecto al alma, el mismo Pedro se extraña y dice: ¿Ha hablado el Maestro con una mujer sin que lo sepamos, y no manifiestamente, de cosas que ignoramos, de modo que todos debamos volvernos y escuchar a esta mujer? ¿Acaso la ha preferido a nosotros?

 

Si como querríamos aventurar, Magdalena representa el alma, es lógico que las palabras redentoras de Cristo se dirijan a ella y no a los hombres de  “carne y de sangre”  como dirían los judíos, o de “carne y hueso” como solemos decir los cristianos. En este evangelio no se trata de palabras corrientes como ocurría en el evangelio según Tomas, que contenía las palabras secretas que Jesús había dicho, nos encontramos aquí con palabras que ni los mismos apóstoles conocían, estos pensamientos difieren de lo que conocemos. Se trata de las palabras redentoras dirigidas al Nous, que algunos traducen por mente, pero que se refiere más bien a la chispa divina que mora en el interior de todo ser humano.

 

Jesús depositó en su discípula amada el secreto de la alquimia y la alta magia. María Magdalena fue una iniciada y solo a ella, que no a los discípulos, Jesús le entrego los secretos después de la crucifixión donde Cristo no murió como nos contaron. Por tanto todo aquel que quiere ser iniciado en alta magia debe pasar por el rito iniciático de María Magdalena del cual hablaremos en próximos artículos.

 

Samuel Artixan 

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